CRÍTICA ABERTZALE DEL PARADIGMA DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA
LIMITES TEÓRICO-POLÍTICOS DE LAS IZQUIERDAS NACIONALISTAS ESPAÑOLAS
3. LIMITES ONTOLÓGICOS, EPISTEMOLÓGICOS Y AXIOLÓGICOS.
Es importante porque muestra los límites ontológicos, epistemológicos y axiológicos de las izquierdas españolas al enfrentarse a su verdadero problema interno, que no es otro que el problema español, o dicho en otras palabras, su impotencia para romper práctica y teóricamente con el Estado-nación de su burguesía propia por cuanto es el espacio geoproductivo material y simbólico de la acumulación ampliada del capital. O sea, al enfrentarse a su identidad substantiva en cuanto partes funcionales de la cárcel de pueblos que es su Estado-nación, al margen ahora de su retraso y debilidad histórica. Por ello mismo, al tener que cuestionarse su identidad decisiva, es decir, al tener que atacar a su propia nación-burguesa y convertir la opresión imperialista que su burguesía ejerce contra las naciones oprimidas en lucha revolucionaria contra su misma nación-burguesa, en ese momento decisivo y crítico, duda, se echa para atrás, se revuelve contra las naciones oprimidas y en defensa implícita o explícita de su burguesía imperialista.
Este comportamiento surge del límite ontológico que impide a la izquierda española cualquier crítica radical de su propia identidad ya que ha aceptado la definición oficial de "España" que ha tardado en elaborar el bloque de clases dominante. Hablamos de la definición oficial impuesta por la constitución vigente, orden aceptado y defendido hasta con los dientes por la izquierda, excepto una muy minoritaria izquierda. No sirve de nada que algún despistado de IU, por ejemplo, lleva una bandera republicana en algún acto público, porque no se resuelve el límite ontológico, sino sólo se retrasa un poco su nefasta dominación. Hay que recordar que esta constitución refuerza y asegura los intereses irrenunciables de la burguesía española -el derecho de propiedad privada de los medios de producción, la "unidad nacional española" del mercado capitalista, las relaciones sociales burguesas bajo el imperio del salario, el papel extraconstitucional del ejército como guardián, el papel extraconstitucional de la monarquía, etc.- existente con mucha antelación, con tanta como tiempo tiene de existencia "España".
La intelectualidad izquierdista y progresista española, pese a su republicanismo ideológico, jamás se atrevió a cuestionar las raíces explotadoras del Estado-nación que quería construir, raíces que no son otras que el patriarcado, la explotación de clase y la opresión nacional. Sólo algunos sectores suyos, nunca mayoritarios, aceptaron mal que bien conceder pequeñas prerrogativas autonomistas a las clases criollas dominantes en Cuba y Filipinas, para evitar procesos independentistas y para mantener en lo posible la "unidad nacional española". El progresismo republicano que ideó un modelo débil y renqueante de Estado-nación ni podía ni quería bucear hasta el fondo explotador sobre el que se estaba levantado la arquitectura ideológica justificadora, y mientras las masas catalanas se rebelaban a comienzos del siglo XX porque no querían ser la carne del cañón imperialista español en sus masacres en Marruecos, esa burguesía republicana divagaba en sus cómodos despachos. De hecho, esos mismos intereses no fueron cuestionados por las izquierdas mayoritarias españolas entre 1931-1939, y en sus contenidos nacionalistas españoles ni siquiera por la CNT-FAI. Las izquierdas mayoritarias españolas, PSOE y PCE salieron en defensa de la burguesía republicana, cada vez más débil y predispuesta a pasarse al franquismo.
La limitación ontológica surge, por tanto, de la propia historia de las izquierdas, de su incapacidad para pensar una nación no burguesa, una nación sin opresión nacional interna. Desde su primer día de existencia, el PSOE asumió la ontología nacionalista burguesa del Estado, aunque la cuestionara en aspectos importantes pero formales, como la Iglesia, por ejemplo, y aunque sus sectores menos reformistas, como Largo Caballero, se caracterizaran por una verborrea izquierdosa y hasta insurreccional en octubre de 1934, pero siempre dentro del encuadre ontológico de "España" como ser que se define a sí mismo desde su propia esencia interna, sin posibilidad alguna de pensarse antagónicamente en su contradicción social interna, de clase, y sin aceptar que su existencia se basa en la opresión de otras naciones a las que se le niega su propia existencia óntica, como seres que existen por sí, fuera y al margen de "España" e incluso antes que ella, por cuanto esa "España" es una invención muy reciente, tan reciente que el mismo PSOE fue fundado con anterioridad.
De hecho, la mejor forma de escaparse de esta crisis de identidad profunda es la de autoengañarse, la de huir hacia delante, la de negar el problema, la de acallar los posibles remordimientos provenientes de su anterior conciencia revolucionaria, de pasar a apoyar a su clase opresora, etc., Ese autoengaño tiene, a su vez, diversas manifestaciones, pero aquí sólo podemos analizar la consistente en rechazar abierta o solapadamente las afirmaciones de Batasuna y fusionarla con ETA cuando una y otra vez, casi a diario durante muchos años, se exige a Batasuna que se comporte como una especie de "oficina teórica" de ETA, en vez de atreverse a buscar un debate público y abierto con esta organización.
Llegamos así a las limitaciones epistemológicas de la izquierda española ya que el rechazo de un debate público, que no una simple entrevista en prensa por muy larga que sea, con un contrincante afecta más que cualquier otra cosa a la posibilidad de un avance en el pensamiento colectivo sobre un tema crucial. Por su misma importancia, por ser el problema de la esencia misma de "España", un debate de esa naturaleza también afecta al método y lógica de los pensamientos que debaten públicamente. Si además de un debate importante pero puntual, fuese un proceso largo y múltiple de esclarecimiento entre las naciones oprimidas y el Estado nacionalmente opresor, entonces casi inmediatamente entrarían en tensión el orden epistemológico español simultáneamente a su orden ontológico. Nadie puede ser tan ciego o fanático como para no darse cuenta de que un proceso así afectaría de inmediato a otras naciones oprimidas, contagiaría de optimismo a otros pueblos. Pero, además de esto, la izquierda española se encontraría con un serio problema epistemológico anterior a que se iniciase esa dinámica, consistente en su propia autocrítica, es decir, en "dar la vuelta al calcetín" de su modo de pensamiento anterior, proceder a una autocrítica rigurosa y radical y, luego, afrontar en la práctica pública los resultados de la autocrítica.
En la acción política mantenida durante años, las izquierdas españolas han callado ante el ejercicio permanente de la opresión nacional de su burguesía. Durante años, esa izquierda ha amoldado y ha supeditado su pensamiento oficialmente izquierdista a la práctica real de su clase dominante en una cuestión clave para ella. Cuando una izquierda se rebaja a tales grados de abyección colaboracionista es que su práctica diaria se rige por un pensamiento que se ha amoldado al interés esencial del poder, y por tanto se rige por un método de pensamiento no contradictorio con el pensamiento dominante, el de la clase dominante. Desde esta subsunción real que no formal del pensamiento de izquierdas en el de la burguesía, es ya imposible otra epistemología antagónica a la dominante. La coherencia servil y lacayuna de la izquierda en su servidumbre ante su burguesía, sostenida durante años, no puede obrar el milagro de la transustanciación y aparecer en un instante como la coherencia del pensamiento libre y crítico.
Se necesita de un período más o menos largo, siempre traumático de autocrítica y autosuperación, para emanciparse de las cadenas que condicionan el pensamiento de las izquierdas. Pero además también se necesitan otras dos condiciones anteriores como son, una, que envejezcan biológica e intelectualmente las actuales generaciones de izquierdas, formadas en los años de plomo del franquismo, y que sean suplantadas por nuevas generaciones; y otra, que esas jóvenes izquierdas descubran la naturaleza opresora del Estado-nación de su burguesía y asuman la lucha revolucionaria contra ese Estado como una necesidad no sólo internacionalista coherente para con las naciones oprimidas, sino como la primera tarea revolucionaria interna para romper el espinazo del capital en su propio país y construir una nación antipatriarcal, del pueblo trabajador e internacionalista. Las dificultades para lograrlo son de enormes porque, aparte de las limitaciones ontológicas y epistemológicas, también presionan en su contra las axiológicas, las que impiden que las izquierdas elabores sus propios valores ético-morales revolucionarios antagónicos y cualitativamente superiores a los burgueses.
Porque, y a este problema crucial volveremos posteriormente, toda axiología y más la que se relaciona con los problemas político-económicos, depende más temprano que tarde de las estructuras materiales de producción material, y más aún, cuando esas estructuras tienen un determinante contenido de expoliación y explotación colectiva e individual, entonces toda axiología descubre sus relaciones de dependencia con y hacia el poder vigente. No existen los valores neutrales en una sociedad basada en la opresión. Más aún cuanto más neutrales y hasta "democráticos" dicen ser en un sistema antidemocrático por naturaleza, entonces, más injustos, parciales y reaccionarios son. Pero con esta lógica crítica y radical llegamos a la necesidad de plantearnos el contenido democrático del sistema constitucional vigente. Es obvio que es esencialmente antidemocrático, y es igualmente obvio que está pensado para facilitar y legitimar la opresión de género, de clase y nacional. Ahora bien, esas opresiones producen beneficios materiales y simbólicos a los hombres, aunque sean obreros; a la burguesía y en cascada a su bloque social de apoyo, y a los miembros de la nación opresora, aunque sean sus clases oprimidas y sus mujeres.
Llegados al secreto último y decisivo -el beneficio simbólico-material obtenido con la explotación- el problema de los valores ético-morales, de la axiología en su núcleo duro, aparece con toda su fuerza revolucionaria y emancipadora. Las izquierdas de la nación opresora difícilmente son conscientes de que ellas mismas se benefician en parte de la opresión nacional que el Estado de su burguesía ejerce sobre otros pueblos. Y si son conscientes, se callan con hipocresía, cinismo y egoísmo injustificables desde una axiología humanista básica, desde una ética y una moral mínimamente democrática. Sin embargo, todos sabemos las ingentes cadenas de todo tipo que sujetan a las burocracias político-sindicales supuestamente izquierdistas, sus poltronas, sus relativamente grandes sueldos, su buena vida comparada con la que tienen sus ex compañeros de trabajo o los militantes y sindicalistas de base. Conocemos las impagables deudas que tienen con el capital, su dependencia diaria hacia el Estado y el gobierno de turno, etc. No quieren romper con esas cadenas y perder sus beneficios corporativos, de casta burocrática absorbida por el capital y por el nacionalismo imperialista español. No se pueden esperar valores ético-morales progresistas de esta casta burocrática que, además de vender a su propia clase, viven bien gracias a la parte que la burguesía española les cede de lo obtenido con los beneficios expoliados a las naciones oprimidas por el Estado.
Las limitaciones ontológicas, epistemológicas y axiológicas se relacionan mutuamente, se refuerzan y se sostienen entre sí porque, además de otros factores, el deseo egoísta inconsciente por obtener un beneficio extra aunque sea mediante la opresión, este deseo es consustancial a la personalidad alienada inherente al orden capitalista. Dado que las izquierdas españolas no cuestionan ni teórica ni prácticamente dicho orden, por eso mismo, colaboran en el mantenimiento de la personalidad egoísta. En caída libre al infierno de la cesión absoluta, son "normales" sus intentos de legitimarse como los conversos frente a sus compatriotas, y protegerse así de sus descalificaciones y ataques, obteniendo su benevolencia. Además de achacar a la izquierda abertzale y a ETA las causas fundamentales de las derrotas obreras y populares en el Estado español de las que ellas son muy responsables, como veremos, también ayudan a criminalizar más al pueblo oprimido y a reforzar el nacionalismo imperialista. Lo primero es tan obvio que no vamos a extendernos en ello, y lo segundo, reforzar el nacionalismo español, se realiza mediante de doble camino de legitimar la "democracia" e impedir cualquier debate constructivo y clarificador.
El fortalecimiento del nacionalismo español se caracteriza por su profunda carga irracional de desprecio y rechazo de la palabra del pueblo oprimido. Cuando las izquierdas nacionalistas españolas se niegan a diferenciar ETA de Batasuna, y cuando descargan sobre la segunda la responsabilidad de responder teórica y políticamente por la primera, niegan totalmente los argumentos de Batasuna, de ETA y de toda la izquierda abertzale. En lo esencial, no hay diferencia alguna entre este rechazo permanente a aceptar la palabra del oprimido, en este caso Batasuna, y el rechazo sistemático del racista a aceptar la palabra del pueblo inferior, del amo a aceptar la palabra del esclavo, del señor la del siervo, del oficial la del soldado, del patrón la del obrero, del hombre la de la mujer. Es una constante en la historia de la mentalidad del poder cuestionado el que rechace sin paliativos dar alguna credibilidad a la palabra del oprimido que se resiste a su poder. Ningún poder cuestionado puede dar una pequeña credibilidad a la palabra del oprimido porque sería reconocer que tiene razón en algo, en poco pero en algo. Un ser superior no tiene por qué rebajarse a ello, a no ser que dé una muestra de debilidad. Sí puede mostrar cierta tolerancia pero siempre en la medida en que el inferior previamente acepte su superioridad, se arrepienta y se humille.
De entre los abundantes comportamiento de las izquierdas españolas que confirman lo dicho, he escogido dos por su significado absoluto: el silencio ominoso ante la tortura y el silencio ominoso ante la monarquía Las izquierdas españolas conviven con la tortura y saben que se tortura, pero se callan y miran para otro lado porque todo lo relacionado con la tortura es cuestión de Estado, y por tanto intocable. También conviven con la monarquía y saben que monarquía y democracia son incompatibles siempre que por democracia se entienda otra cosa que no un simple celofán puesto sobre la dictadura burguesa, una clase que perfectamente puede acumular capital recurriendo a una dictadura militar, al nazi-fascismo, al bonapartismo, a un Estado autoritario, a una república, a una monarquía e incluso a una monarquía democrática. Pero en este último caso, las izquierdas debieran decir públicamente que esa democracia acaba donde empieza la monarquía y empieza donde acaba ésta. El problema, como el de la tortura, es precisamente delimitar ese instante, marcar las fronteras. Como con las características de la tortura, que puede ser blanca, psicológica, sexual, física, etc., con los poderes de las monarquías sucede otro tanto, porque aunque la ley dice una cosa, la realidad dice otra. Pero los límites ontológicos, epistemológicos y axiológicos de las izquierdas españolas le imposibilitan decir algo al respecto, y menos aún hacer.
El nacionalismo español se caracteriza por su negativa esencial a conceder siquiera el mínimo reconocimiento de que el pueblo oprimido, el que fuera, puede disponer de algo de credibilidad. Y porque está tan convencido de ello, el Estado español se cree exento y libre de cumplir sus propias promesas, los pactos que ha firmado y los acuerdos que ha rubricado. Del mismo modo que traicionó, abandonó y vendió por un plato de guisantes yankis al pueblo saharaui, incumpliendo su palabra y entregándolo atado de pies y manos al invasor y torturador marroquí, de la misma forma ha traicionado e incumplido todos, absolutamente todos los acuerdos firmados con los vascos. Pero las izquierdas nacionalistas españolas tampoco pueden diferenciarse substancialmente de su Estado-nación en esta cuestión. Su negativa a aceptar la separación entre ETA y Batasuna confirma que también están atrapadas por los tópicos de la ideología imperialista hacia las naciones oprimidas.
4. PARADIGMA TEÓRICO-POLÍTICO DEL NACIONALISMO ESPAÑOL DE IZQUIERDAS
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